Edición 166 - Hildebrandt en sus trece - page 16-17

Crímenesdeguerra
Con el título de “Fusilamiento
y palos” el diario “La situación”,
del 23 de julio de 1881, informó al
público sobre los crímenes contra
ciudadanos peruanos, que justifi-
caba por haber sido determinados
por un Tribunal Militar:
Última hora.- El TribunalMili-
tar, después de largas deliberacio-
nes y muy detenidas sesiones, ha
acordado: 1° Condenar a la pena
demuerte, comoautores principa-
les del asesinato cometido el día20
en la plazuela de la Salud, a Fran-
ciscoBaizányEstanislaoOtárola,
que aún permanecen ocultos, sin
que hayan sido aprehendidos; 2°
Que de tres reos: Pedro Salazar,
Juan Grande y Lorenzo Palacios,
que aparecen comprometidos y
están presos, uno de ellos, desig-
nado a la suerte, sea condenado a
lamisma pena capital, y los otros
dos a la de quinientos palos; 3°
Que mientras no sean presenta-
dos Baizán y Otárola sufran la
pena de muerte en su reemplazo
los reos que por la designación de
la suerte sólo salgan condenados
a la pena de palos, la que se les
indultará si fueran presentados
los reos ocultos; y que la ejecución
de todas estas penas tenga lugar
en el mismo sitio del crimen […].
Alegaban los oficiales del ejérci-
tode ocupación, que tres días antes
habían sido asaltados a las 11 a.m.
en la plazuela de la Salud los solda-
dos del regimiento de artillería N°
2, JoséPérez yPedroMaríaMuñiz;
el primero resultó herido y el otro
muerto. Se atribuyó el asesinato a
los trabajadores de la empresa del
gas, “que está vecina al lugar del
suceso”. Las víctimas, enel concep-
to de los chilenos, no habían dado
motivo para que se actuase contra
ellas, lo que quiere decir que eran
buenas personas, concepto muy
alejado de la realidad.
Fueron jueces: D. Fuenzalida,
J. León García, Diego A. Donoso y
secretario Francisco A. Pinto.
Laejecuciónse realizóel día25a
las ocho de la mañana. Al reo Juan
Grande losentaronenunbancocon
los ojos vendados.
Era de estatura
mediana, de naturalidad indio y
de 25 a 28 años de edad
–comen-
taron los cronistas que vieron el
fusilamiento–. Cuatro soldados lo
acribillaronabalazos a las9.15de la
mañana. Susdoscompañeros, Sala-
zaryPalacios,presenciaronlaejecu-
ción y días más tarde tuvieron que
ser indultadosante laprotestade las
colonias de Italia y Suiza, así como
por la fuerte presión que ejercieron
los representantes diplomáticos de
Francia, Inglaterra y España.
“La situación” editorializó el
crimen con este título: “La ley de
la necesidad”.
Es pertinente recordar también
otrocaso, aparecidobajoel epígrafe
de “Doble fusilamiento”, en el pe-
riódicoyacitado, el 24dediciembre
de 1881.
Un soldado del batallón
Esmeralda fue encontradomuerto
juntoaunade lasescalerasdel lado
norte del puente Balta
, por lo que
intervinopersonal del ejércitopara
deslindar responsabilidades:
Pocos días antes eran captu-
rados Manuel Hilarión Roldán y
Manuel Guerra quienes, a las pri-
meras preguntas, confesaron su
delito. Dijeron, además, que un tal
Quevedo era también cómplice del
crimen. Tramitada y concluida la
causaconlasformalidadesdeestilo,
sereunióelTribunalyporunanimi-
dadcondenóa lapenaordinariade
muerteaRoldányaGuerra,lomis-
moquealausente,quenohapodido
ser habido. Los reos, engrillados y
concentineladevista, aguardaban
la sentencia en los calabozos de la
policía.Ayer,amediodía,seles leyó
aamboseldecretodelseñorgeneral
en jefe, enel cual seaprueba lasen-
tenciadel tribunalmilitar. Los reos
no fruncieronel ceño.Recibieron la
noticia de su suerte con la misma
frialdad con que se oye una nueva
cualquiera.
En otro párrafo de su relato ex-
presa el cronista chileno:
Guerrainclinólacabezasobreel
pecho yRoldánmanifestó al señor
Zenteno Barros el deseo de morir
comocristiano.Dijoqueselepermi-
tieracasarse conuna jovenaquien
amabayaquienqueríadejarcomo
heredera de algunos de sus bienes.
El señorZentenoBarros le contestó
que no había inconveniente.
Después, como quien narra
un espectáculo de teatro, con un
desprecio total de la condición hu-
mana de los sentenciados, sigue su
relato de esta manera:
A las cinco de la tarde se pre-
sentan en el cuartel de policía un
sacerdote y los padrinos de casa-
miento del reo. El acto tiene lugar
en el mismo calabozo. La fisono-
mía del desposado, un negro de
treinta años, se muestra serena.
Su mirada es firme. La esposa es
La Máquina del Tiempo
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hildebrandt en sus trece
del
23
al
29
de agosto del
2013
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O
P
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Ó
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El Estadoausente
y canalla
David Roca Basadre
E
sta semana enCajamarca los comuneros de-
bieron trasladarse a retirar tranqueras pues-
tas por la empresa Yanacocha en caminos
tradicionales y comunales que conducen
a las lagunas. En Lima nadie se rasga las vestiduras
cuando una empresa de esas obstruye vías públicas
–muy antiguas en este caso, anteriores al ingreso
de Yanacocha– imponiendo su ley con apoyo de la
policía a la que financia y de una fiscalía a la que no
sabemos si paga, pero que actúa con mucha obe-
diencia igualmente.
Una de las razones reconocidas para la expansión
de Sendero Luminoso en la década de los 80 fue la
ausencia del Estado en muchos lugares del país, es-
pacio que fuera ocupado por el terrorismo.
Estonoha variadomayormente, pero loque antes
hacían los terroristas ahora lo hacen las empresas
y corporaciones que gobiernan en cada centímetro
de nuestro territorio, y con consecuencias similares.
Las prerrogativas de las corporaciones se tradu-
cenenel poder que tienen los gremios empresariales
y particularmente mineros, petroleros y de banque-
ros sobre el gobierno central. Y esto, en las zonas
alejadas del centralismo limeño, es
poder de horca y cuchillo al viejo
estilo gamonal.
Hace años me tocó hacer un
reportaje sobre la expansión ma-
derera en la cuenca del Yurúa,
Atalaya, y el acoso y explotación
de las comunidades asháninkas.
Lo sorprendente era el poder de
Forestal Venado, la empresa más
grande en la zona y que controla
todo, al punto que a varios kilóme-
tros de sumilitarizada sede los po-
bladores nativos hablaban en voz
baja sobre ella, como si el viento
pudiera llevar sus palabras hasta
allá. Tampoco pude acercarme, fui
disuadido protectoramente por la gente.
EnParamonga, las empresas obtienen todo loque
quieren, desde silencios judiciales hasta la obsecuen-
cia sospechosa de inspectores laborales, autoridades
ambientales, servicios de salud, autoridades muni-
cipales, policiales, etc. Sin que nada se les escape,
mientras la contaminación sigue matando.
En Ica –donde el agua escasa es el problema
central– las empresas agroexportadoras financian
campañas electorales, arrinconan alcaldes, contro-
lan las juntas de regantes y, así, todos los espacios de
influencia posible están bajo su dominio.
En Espinar la minera Xstrata niega la existencia de
contaminación evidente, y las autoridades siguen du-
dandomientras la gente se envenena ante sus ojos. La
excepcióndeunalcaldequenocedeapresiones,como
Óscar Mollohuanca, obliga a acosarlo, denunciarlo, di-
famarlo,acorralarloy–claroestá–abuscarlereemplazo
dócil en las próximas eleccionesmunicipales.
En Condorcanqui las empresas minera Afrodita y
petroleraMaurel et Prodividenorganizaciones comu-
nales, compranapoblaciones enteras condinerosmí-
nimos, controlan autoridades, a la policía, al sistema
judicial,mantienenunsistemadepresión firmeyduro
sobre todos losmovimientos de los pueblos awajúny
wampis. La resistencia a la destrucción de los ecosis-
temas –encarnada en el legendario awajún Santiago
Manuin y en el luchador wampis Wrays Pérez– debe
bregar duropara romper el silenciode la granprensa.
En Cañaris, la asamblea que la empresa minera
Cañariaco quiere validar para hacer sus excavacio-
nes tuvo como autoridad legal justificante a un ma-
gistrado de otra jurisdicción, y el
esquema de autoridadesmunici-
pales sumisas y policía a cuenta
de la empresa se repite.
La criminalización de pro-
testas, que es un arma de las
corporaciones, lleva no sólo a
acusaciones abusivas sino a cu-
riosos enroques judiciales: a los
acusados en Lambayeque los ve
una corte en Jaén, a los cajamar-
quinos los llevan a Chiclayo y a
los awajúnywampis los trasladan
desde Amazonas a Chiclayo. A
Óscar Mollohuanca lo someten,
desde el Cusco, a una corte de
Ica. Eso dificulta las defensas de
personas con pocos recursos y da ventaja a las em-
presas, obviamente.
La lista es tan grande como el país. La ausencia
del Estado en sus obligaciones hacia todos, su rol de
monigote de la dictadura del dinero, del más fuerte,
loperfila comounEstado ajeno, un verdaderoEstado
canalla.
n
El tambor toca
marcha regular.
Este convoy de dos
vivos, que dentro de
poco van a dormir
el último sueño,
atraviesa las calles
enmedio de una
curiosa y apiñada
multitud
1
Tres de los cupos extorsivos decretados por Lynch para saquear en efectivo a“los notables”.
una negra joven. La ceremonia es
solemne y reina un silencio pro-
fundo. Al final del acto, Roldán
siente un estremecimiento extra-
ño, sus miembros se agitan y los
grillos que aprisionan sus piernas
dejan escapar un ruido seco del
hierro que choca y que se mueve.
La mujer se impresiona y lleva el
pañueloa los ojos paraenjugar las
lágrimas que brotan abundantes.
El desposorio termina. El reo
se queda en su celda y la esposa se
alejaconpasos vacilantes. Los ojos
del primeroparecenque quisieran
arrancarsedesusórbitasalverque
laqueacababadesersumujerseva
paranovolverlaaver jamás. ¡Qué
desposorio el deRoldán! ¡Entra en
su nueva vida, la del matrimonio,
en los umbrales de lamuerte!
La noche que pasan los reos es
tranquila. Duermen bien y des-
piertan con las primeras luces de
lamañana.Pocoantesdelasochola
carretanúmero527 estáa lapuer-
tadel cuartel depolicía, custodiada
por un piquete del Esmeralda.
Roldán y Guerra, que no han
querido ser acompañados por
fraile alguno, suben a ella y el
vehículo se pone en movimiento,
dirigido por dos hombres vestidos
de mezclilla azul.
Formancuadroa lacarretadie-
ciséishombresarmados.El tambor
toca marcha regular. Este convoy
dedosvivos,quedentrodepocovan
adormir el últimosueño, atraviesa
las calles en medio de una curiosa
y apiñadamultitud.
A las ocho y quince minutos la
carretasedetieneenel descensodel
puente de Balta, por el lado norte.
Uno de los conductores se baja y
toma a las mulas de la brida. El
batallónEsmeralda, con su banda
demúsicayunacompañíade cada
unode loscuerposdeguarniciónde
esta plaza, forma línea de batalla
frenteal lugardonde fueasesinado
el pobre Zorrilla.
Dos banquillos demadera se le-
vantan junto al malecón que sirve
de riberaal río. Hombres,mujeres
yniños se estrechan, se revuelveny
charlanalrededordel sitioquedebe
presenciar la ejecución.
Lacarreta,detenidaunmomen-
to, continúa y va a colocarse a diez
pasos de los asientos de muerte.
Guerravisteun trajeplomo,medio
raído, que bien dice con su cobriza
fisonomía.Hacedescansarsubarba
sobre su mano derecha, como un
hombre que reflexiona y observa
y sus ojos ruedan aquí y allí, sere-
nos dentro de sus órbitas. Roldán
vacruzadodebrazosymirandoen
todas direcciones, como si deseara
darse a conocer de la vulgar mul-
titud que lo observa y lo examina
de una manera atenta. Cubre su
cabeza un gran sombrero de paja
amarillo y su cuerpo un traje café,
algo viejo y descolorido.
Roldán yGuerra descienden y,
con paso lento y custodiados por
los mismos soldados, se acercan
al banquillo. El primero se dirige
a los espectadores, y exclama:
Adiós, compadres.
En ese momento se oye en toda
la líneaunredoblede tambores. La
marchadesde lacarretaal banqui-
llo dura quince segundos y es por
demás severa. Como un ruido que
golpea en el corazón se siente el
crujido de los grillos. Aun paso del
asientoque se les tiene señalado, la
tropa hace alto. Los reos se hincan
y se descubren. El teniente señor
Balbotín, del Esmeralda, les lee la
sentencia que les señala la última
pena. Guerra, antes de concluirse
la lectura, sepone el sombrero. Los
condenados se sientan en el banco.
Roldánseparay,conrostroanima-
do y la voz firme, dice lo siguiente:
-Hablocontodasinceridad. Por
salvar a un amigo, a dos, diréme-
jor, me veo entreDios y la justicia.
Les pido que no protejan a nadie.
Ya ven ustedes mi suerte, pero no
me importa.
Sacaunpañuelo blanco y sucio
y se venda por sí mismo los ojos.
Ocho tiradores avanzan, cargan
sus fusiles, se les da la señal y se
oyen las descargas y dos tiros
más. Roldán ha caído chorreando
sangre con la cabeza para atrás
y los brazos abiertos. Guerra, con
la cabeza sobre el pecho, cual si
le hubiera rendido el sueño. Las
tropas desfilan por delante de los
cadáveres y se retiran enseguida
a los cuarteles.
Asímatabanloschilenosalosciu-
dadanos que defendían su hogar, a
su esposa, a sus hijas, sus bienes, el
honor de su familia y de la patria.
n
FusilamientosenlaLimaocupada
La conducta del ejército de ocupación que secuestró Lima durante
33 meses consecutivos –desde enero de 1881 hasta octubre
de 1883– fue pluralmente repugnante. Y uno de sus aspectos
más siniestros fueron las sentencias y las ejecuciones que,
sobre el paisanaje, se cumplieron sin compasión y en público. El
historiador Manuel Zanutelli Rosas recuerda en su libro“Andrés
Avelino Cáceres, héroe de la resistencia” dos casos concretos de
esos excesos criminales. Lo hace citando al diario“La situación”,
publicación chilena editada en Lima y que empezó a circular el 4 de
junio de 1881 con el marco de este editorial, recordado también
por Zanutelli: “Diario nacido en tierra extranjera, lejos de la patria
de los que le dan la vida, tiene, necesariamente, la nacionalidad
de su bandera... Nace bajo el estandarte de Chile y, centinela
destacado de avanzada de su prensa en el Perú, su pensamiento
y su palabra procurará que sean el pensamiento y la palabra de
los suyos...”. El historiador nos recuerda también que en ese diario
chileno publicado en plena ocupación trabajaron algunos peruanos
indignos. Tal es el caso de Esteban Carrillo Segura, sobrino del
comediante Manuel Ascencio Segura, encargado de la sección
“Crónica”. Miserias que hoy –qué duda cabe– podrían repetirse.
7
Patricio Lynch (izquierda) y
Pedro Lagos fueron los dos
mayores responsables del
embrutecido comportamiento de
sus tropas en Lima.
1
Portada del libro de Manuel
Zanutelli Rosas.
1
Laguna cajamarquina con cabina vigilante de Yanacocha.
Su rol demonigote
de la dictadura del
dinero, del más
fuerte, lo perfila
como un Estado
ajeno, un verdadero
Estado canalla
1,2-3,4-5,6-7,8-9,10-11,12-13,14-15 18-19,20-21,22-23,24-25,26-27,28-29,30-31,32-33,34-35,36-37,...40