"Se nos hace tarde para entender que no existe tal cosa como una prensa corporativa 'liberal'. Su existencia siempre fue un mito" Daniel Espinosa
Prensa conservadora y cómplice
Una valla con la recompensa que ofrecía el gobierno de Estados Unidos por Nicolás Maduro fue instalada del lado colombiano de la frontera con la nación caribeña.
En la red social que seguiremos llamando Twitter, un doctor en ciencias políticas de la Universidad Católica advierte, en el contexto de lo que acaba de ocurrir en Venezuela, que los cambios de régimen impuestos desde afuera rara vez democratizan el país afectado. Está en lo cierto, como ha quedado demostrado con creces. A continuación, el mismo intelectual agrega que “Maduro tenía que caer”, pero que la forma en la que finalmente cayó –mediante un ataque militar extranjero– es muy riesgosa.
Aquí hay algo que debemos notar. Esta popular idea, que “Maduro tenía que caer”, coincide con la campaña militar más agresiva que Washington ha llevado a cabo en contra del régimen venezolano en las últimas décadas. Esa agresión militar viene acompañada, como no podría ser de otra manera, de una potente campaña de propaganda, esfuerzo bien organizado y financiado que tiene como uno de sus objetivos primordiales instalar en las mentes de las masas –y en las de intelectuales, como podemos apreciar– precisamente esta idea, la de que “Maduro tenía que caer”.
¿Tenía que caer Maduro? El venezolano tenía que caer tanto como tendría que caer el genocida Netanyahu –con orden de captura internacional–, o como tendrían que caer los sátrapas que encabezan las monarquías medievales de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, o como tendría que haber caído el régimen hondureño del narcotraficante recientemente indultado por Donald Trump, Juan Orlando Hernández –quien se hizo del poder entre actos de represión y bien fundadas acusaciones de fraude electoral, como Maduro–, o como tendría que haber caído en su momento el régimen del colombiano Álvaro Uribe –el de los “Falsos Positivos”–, jefe de facto del paramilitarismo y compinche del Cártel de Medellín desde mucho antes de llegar al Palacio de Nariño (e invitado de honor de CADE 2024).
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EDICIÓN 764, NÚMERO 16
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