"A esa gente menor, esos pobres diablos, esos marrones, les pasó algo que, a fin de cuentas, podía pasarles" Juan Manuel Robles
Competencia de crueldad
Entierro de una de las víctimas de las protestas por la caída de Pedro Castillo.
Cuando hablamos de los asesinatos ocurridos en el contexto de las protestas después de la caída de Pedro Castillo, no solo hay que recordar la indiferencia de gran parte de la ciudadanía, la complicidad muda de quienes miraron para el otro lado. Hay también un componente más activo y peligroso: la facilidad de muchísimos peruanos para aceptar la crueldad (que es, por supuesto, una forma de ser crueles). Me refiero a esa manera de aprobar que un grupo estigmatizado —revoltosos “terroristas”— tenga un castigo que supuestamente provocaron ellos mismos con sus acciones. Hablo de esa cantidad no menor de compatriotas que responde emocionalmente, pero no con compasión por los muertos y sus familias, sino con alivio íntimo por la supuesta amenaza disuelta. Repetirán alguna mentira de los medios —que quemaron a un policía, que ahogaron a unos militares, todo falso— pero será solo una excusa: a esa gente menor, esos pobres diablos, esos marrones, les pasó algo que, a fin de cuentas, podía pasarles.
La crueldad estuvo en el aire en esos meses terribles. Fue por esa crueldad, finalmente, que Dina Boluarte pudo prevalecer. Tres años después, son tiempos electorales, y buscamos desesperadamente una reserva moral. Pero no hay mucho de eso. Lo que hay es reserva de crueldad.
Por eso varios candidatos presidenciales pueden lanzar sus planes de “limpieza” con total desparpajo e indolencia. El objetivo a erradicar, esta vez, son los delincuentes extranjeros. Y los mensajes son más agresivos que nunca.
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EDICIÓN 767, NÚMERO 16
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