"No podría estar más claro que hay continuismo en la política económica" Pedro Francke

OPINIÓN

Nada ha cambiado


La desigualdad va paralela a la concentración del poder económico.

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” es una frase famosa para situaciones donde la concentración de la riqueza y el poder siguen predominando con cambios superficiales que solo maquillan esa realidad. Proviene de una novela de Lampedusa titulada “El Gatopardo”. La actual situación de nuestro país tiene mucho de eso: en los diez meses que van de octubre del 2025 a julio de 2026 habremos tenido –por lo menos– cuatro presidentes. “¿Y ahora qué pasará? ¡Bah! Negociaciones interrumpidas por disparos inofensivos, y después todo volverá a ser como antes, a pesar de que todo haya cambiado”, en la narrativa de Lampedusa.

En nuestro Perú, habiendo tenido ocho presidentes en ocho años, una cuestión esencial se mantiene: la tremenda desigualdad económica y social, sostenida por las políticas impuestas hace más de treinta años por Alberto Fujimori. Denisse Miralles, la nueva premier, iba a seguir como ministra de economía con De Soto. Estaba con Jerí pero antes fue viceministra de Boluarte con un ministro (Salardi) que ahora es el jefe de plan de gobierno de Acuña. Está empeñada en destrozar Petroperú para una privatización a la mala. Otro ministro de economía de Dina Boluarte hoy es candidato por el fujimorismo y un tercero es el vocero económico de Porky. No podría estar más claro que hay continuismo en la política económica y que esta ha sido digitada directamente por Keiko, Porky y Acuña y sostenida por los demás mafiosos del Congreso, Cerrón incluido.

Las empresas extractivas de la minería y del petróleo siguen teniendo ganancias excepcionales y a la policía de su lado metiendo bala cuando alguna comunidad cercana protesta por sus derechos y el ambiente. PPK les favoreció con una devolución acelerada de impuestos que sigue en pie y este Congreso bloqueó nuestra propuesta de que contribuyan de manera justa al desarrollo nacional. Las exoneraciones de impuestos a las agroexportadoras que estableció Alberto Fujimori se prorrogaron una y otra vez por veinte años y han regresado gracias a un “regalito” del gobierno ascendente a 20 mil millones de soles, mientras sus trabajadores ganan menos de mil 500 soles mensuales. Por su parte, las AFP siguen cobrando comisiones abusivas todos los meses con millones de trabajadores encadenados a ellas. El oligopolio bancario sigue pagando ridiculeces por nuestras cuentas de ahorro mientras cobra intereses de 40 por ciento anual a las pequeñas y microempresas, priorizando créditos más baratos para las grandes corporaciones. Las constructoras peruanas, cuyos actos de corrupción se descubrieron gracias a las confesiones de Odebrecht, se cambiaron de nombre y siguen ganando obras millonarias, sin que ninguno de esos empresarios esté en la cárcel. Los monopolios y oligopolios abusan de los consumidores en las medicinas, el aceite, la leche, las cervezas y muchos otros productos. El 50 por ciento más pobre, 16 millones de peruanos, sumando todos sus ingresos, no alcanza ni a la tercera parte de lo que se lleva el 1 por ciento más rico. Nada de esto ha cambiado ni cambiará con Balcázar y Miralles.

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