En varios goles de la última fecha están los ecos de esos dramas Juan Manuel Robles
Mundial para los heridos
Esmir Bajraktarevic, seleccionado de Bosnia Herzegovina.
Es bueno que la lucha por llegar al mundial de fútbol nos recuerde que hay países que la pasan mal, lugares condenados por guerras y conflictos, por tragedias y catástrofes, que han vivido en zozobra permanente por años, países que se vuelven inviables por metralletas y misiles. Son historias de clasificación donde aparecen jugadores que vivieron el infierno. Épicas que hasta parecen modestas, si uno no conoce el detalle. En varios goles de la última fecha están los ecos de esos dramas. El llanto por la clasificación es de felicidad pero también lleva el rastro del trauma —propio o heredado—, algo íntimo y colectivo.
El gol con el que Bosnia Herzegovina ganó en la tanda de penales a Italia —favorita indiscutible por ser potencia, aunque eliminada por tercera vez consecutiva— fue de Esmir Bajraktarevic. El joven de veintiún años es una de las figuras de su selección. Hace no mucho tiempo, su nombre aparecía mencionado en las selecciones juveniles de Estados Unidos. Bajraktarevic nació en Appleton, Wisconsin, y empezó a jugar fútbol desde niño para diversos clubes estadounidenses. Pero cuando tuvo la oportunidad de jugar por Bosnia Herzegovina, no lo dudó. Porque Bosnia nunca se fue de casa, aunque sus padres salieron de allí hace mucho. Sus padres tenían una vida feliz a inicios de los noventa. Pero en 1992 la guerra en los Balcanes llegó. Y no vivían en cualquier sitio. Su hogar era Srebrenica y ellos eran musulmanes bosnios. Escaparon antes del genocidio que mató a más de ocho mil personas de su comunidad, uno de los crímenes de guerra más emblemáticos del siglo, el que popularizó la expresión “limpieza étnica”.
Bajraktarevic, mediocampista, jugó el partido contra Italia junto a un veterano delantero de la selección, Edin Dzeko, quien tiene cuarenta años y conoció en carne propia la guerra. Era niño cuando vivió el asedio de Sarajevo. Siempre cuenta que era peligroso jugar en la calle. Una vez, su madre le advirtió no ir a jugar por una corazonada. Le hizo caso. En efecto, una granada reventó en el campo y mató a algunos de sus compañeros. Dzeko fue clave en la primera clasificación de su país a un mundial, en 2014. Dice que la guerra le dio “fortaleza mental”. Cuando vio que Italia celebraba el hecho de jugarse la clasificación en el repechaje frente a ellos, dijo: “están asustados”.
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EDICIÓN 776, NÚMERO 16
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