"Los soviéticos advirtieron a los egipcios que Tel Aviv tenía tres ojivas nucleares apuntándoles" Daniel Espinosa

OPINIÓN

“Opción Sansón”


Golda Meir: discutió la posibilidad de usar la bomba atómica.

Corrían las primeras horas del 6 de octubre de 1973 cuando los ejércitos de Egipto y Siria, atacando por sorpresa, hicieron retroceder a las tropas israelíes en el Sinaí y los Altos del Golán –territorios egipcio y sirio, respectivamente–, que Israel venía ocupando desde la Guerra de los Seis Días (1967). Así se iniciaba la Guerra de Yom Kippur, un conflicto que sumiría a la élite política israelí en el pánico, llevando a la entonces primera ministra Golda Meir a contemplar la “Opción Sansón”: el empleo, como último recurso ante una potencial derrota militar, del arsenal nuclear israelí –ese que Tel Aviv siempre negó poseer–.

La leyenda bíblica dice que Sansón, apresado por los filisteos, decidió usar su fuerza sobrehumana para traerse abajo el templo en el que lo tenían encadenado, produciendo su propia muerte, pero llevándose consigo a cientos de sus enemigos. La “Opción Sansón” –término popularizado por Seymour Hersh y su libro “The Sampson Option” (1991)– se inspiró en la furia suicida del héroe bíblico: Israel, enfrentado a una potencial derrota bélica, recurriría a la bomba para aniquilar a sus enemigos, independientemente de si tal despliegue de poder destructivo pudiera o no detener su propia caída.        

Otra mirada sobre este asunto, más fría y menos apocalíptica, señala cómo, lejos de tratarse de una política irracional –morir matando, y ya–, la “Opción Sansón” le ha servido a Israel para intimidar y disuadir a sus enemigos. Según Hersh: “El tamaño y la sofisticación del arsenal israelí permiten que hombres como Ariel Sharon sueñen con rediseñar el mapa de Medio Oriente a través de la amenaza implícita de la fuerza nuclear”.

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