"Entonces los peruanos conocimos la furia de doña K. Aquella ira que había descrito y padecido alguna vez Susana Higuchi, su madre" Rebeca Diz
Despertar de la pesadilla
El resumen de un mecanismo de defensa que empezó a sentirse a mediados de esta semana y ante la inminencia de un probable triunfo de la heredera. (FOTO: JOHN REYES / H13)
Hace 23 años que llegué de vacaciones al Perú. Traía conmigo una maleta para 15 días y una niña de 2 años. Alejandro Toledo llevaba dos años en la Presidencia. En las calles se respiraba entusiasmo por lo que estaba por venir. Daba igual que uno caminara por una calle inundada de Iquitos o por un cerro arenoso de Villa María del Triunfo. Nadie sabía con exactitud qué le deparaba el futuro, pero cundía la certeza de que fuera lo que fuera sería mejor. Al fin y al cabo, el país acababa de sacudirse la pesadilla del fujimorato. De aquel país que me hacía recordar a la España de mi infancia y que me enamoró de a pocos, hoy no queda nada.
Pese a los escándalos con los que Alejandro Toledo nutría la prensa a diario, hasta el 2005 se respiraba a desinfectante. Eran los tiempos en los que los malos empezaban a pagar por sus fechorías y los ciudadanos de bien lo celebraban.
Las procuradurías perseguían corruptos y violadores de derechos humanos. Allí se lucían Luis Vargas Valdivia, Antonio Maldonado o Ronald Gamarra.
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EDICIÓN 785, NÚMERO 17
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