REPORTAJE

Cascos ligeros

Eloy Marchán
El Contralor General ha decidido destrozar la institución desde adentro. Su principal mentora, Keiko Fujimori, y la señora que acude a Palacio están más felices que nunca

César Aguilar Surichaqui: un Contralor al gusto y a la medida del Congreso y de Dina Boluarte. (FOTO: Contraloría)

El Contralor General, César Aguilar Surichaqui, se ha propuesto destrozar la institución que dirige. En los últimos diez días ha eliminado la obligación de los candidatos de las próximas elecciones a presentar su declaración jurada de intereses y ha desaparecido la Vicecontraloría de Integridad y Control. También ha presentado un proyecto de ley para herir de muerte el control concurrente a las obras públicas, ha despedido a más de cuatro mil auditores, ha declarado “reservados” todos los anexos de los informes de control que hace su institución y ha cambiado dos veces al jefe de fiscalización del Despacho Presidencial por investigar las compras de la oficina de Dina Boluarte.

“César Aguilar está aniquilando la institución y será muy difícil que vuelva a tener el peso de antes. Ha aceptado que la Contraloría pierda facultades y ha optado por subordinarse plenamente al Congreso y al Ejecutivo”, dice un alto funcionario de la Contraloría que pidió la reserva de su nombre por temor a represalias.

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