REPORTAJE

¡Resurrección!

Ricardo Velazco
El Sodalicio, expulsado de Roma por Francisco, ha encontrado la manera más práctica de aspirar a la inmortalidad.

Juan Carlos Rivva, párroco sodálite de Nuestra Señora de la Reconciliación, en Camacho, continúa sus prédicas.

El Sodalicio vive después de la muerte. Luego de seis meses de que el Papa Francisco ordenara liquidar la organización, los discípulos de Luis Fernando Figari siguen operando como si nada hubiera pasado. “La disolución del Sodalicio y sus satélites ha sido nominal. Las obras simplemente están cambiando de nombre y los negocios se mantienen. Hace dos meses solicitamos al Vaticano que hiciera públicos los términos de la supresión, pero no hemos recibido ninguna respuesta”, dice Jose Escardó Steck, presidente de la red de víctimas que dejó la organización en Perú. Enterrado Jorge Bergoglio, los sodálites se sienten impunes.  

Los métodos que han empleado para eludir el castigo del Vaticano han sido de lo más terrenales. En algunos casos, para seguir operando, han recurrido al cambio de logo o de nombre de sus “empresas”. Es el caso de “Mission Brazil” que continúa reclutando jóvenes para “diversas actividades de voluntariado” en Petrópolis (Brasil). “Mission Brazil es una versión disfrazada del Movimiento de Vida Cristiana (MVC) adscrito al Sodalicio. En febrero pasado modificaron su logo y quitaron las referencias al MVC. Pero el personal son los mismos sacerdotes y diáconos sodálites. Es una forma de zurrarse en las disposiciones de la Santa Sede”, advierte Martín Scheuch, exmiembro del Sodalicio. Y para que no quede duda de su poderío se jactan públicamente de tener el respaldo del obispo local Joel Portella.

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