El salario del miedo
“Aldo”, chofer de Etul, desconfía de cada moto lineal que se le cruza. “Cada vez que me despido de mis hijos me dan ganas de llorar –comenta el conductor–. Todos los días es lo mismo, qué jodido”. (FOTO: Joel Durán/H13)
Cada mañana, antes de salir a trabajar, “Aldo” abraza a su esposa y a sus tres hijos. Lo hace con la intensidad del último adiós. “Aldo” se gana la vida como chofer de la empresa Etul. “No quiero ir a trabajar. Cada vez que me despido de mis hijos me dan ganas de llorar. Todos los días es lo mismo. ¡Qué jodido!”, dice. El largo abrazo termina en llanto. Y el chofer deja caer unas lágrimas.
Desde hace unos días sus compañeros han visto motoristas armados siguiendo los buses. Y hace unos días “Aldo” vio a uno de ellos filmando su bus. Se quedó petrificado.
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EDICIÓN 771, NÚMERO 16
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