INFORME

Achorada

Sonia Suyón
Keiko Fujimori ha convertido a Rosangella Barbarán en su operadora política multiusos. Es carne de cañón y punta de lanza, especialista en armar las portátiles en los mítines y también los chongos en el Parlamento, ubicada siempre en comisiones y posiciones estratégicas para generar lo que mejor le sale al fujimorismo: el caos

El trampolín de Rosangella Barbarán para entrar al Congreso fue la Escuela Naranja, donde aprendió todas las mañas de los grandes maestros.

Rosangella Barbarán (31) no había nacido cuando Alberto Fujimori fue elegido Presidente de la República y tenía 6 años cuando aquel intentaba la rerreelección. Y no había alcanzado la mayoría de edad cuando Keiko Fujimori buscaba ser presidenta, por primera vez, allá por el año 2011. Lleva once años como militante fujimorista y antes de entrar al Parlamento era bachiller en ingeniería económica con eventuales y modestos trabajos en los que no solía durar. Había sido asesora, por seis meses, en la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Huánuco (EPS SEDA HUÁNUCO) y técnica de Administración de los Servicios de Saneamiento (OTASS) en Lima, también por seis meses. Además, había realizado algunas prácticas preprofesionales en el BIF y en el Scotiabank. Nada digno de comentar ni resaltar. El trampolín para darle vuelta a su vida se dio cuando, con intenciones de incursionar en la política, envió un correo a la página web de la Escuela Naranja del fujimorismo, donde ahora da cátedra como ilustre egresada. Toda ella es fruto de esa escuelita, donde se predica la vida y milagros de Alberto Fujimori como el santo patrono de sus seguidores. Tuvo como maestros a la vieja guardia de la doctrina fujimorista: Martha Moyano, Martha Chávez y Alejandro Aguinaga.

“Me ha dado tanto la Escuela Naranja, me permitió ir becada a Costa Rica para seguir un diplomado”, dice entusiasta en un video colgado en la web de su cuna formativa. De ahí no paró hasta llegar al Parlamento. Empezó con un puesto de técnico en la bancada, pero hizo todo lo posible para hacerse notar, tanto que no tardó en ser incluida en la lista parlamentaria naranja. Y así, en el 2021, cumplió su sueño de alcanzar un lugar en el Congreso, como la parlamentaria más joven, con 26 años y cerca de 25 mil votos.

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