OPINIÓN

"El único presidente constitucional, mal destituido, arbitrariamente preso, se llama Pedro Castillo" Guido Leonardo Croxatto

Mala imagen del Perú


Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y el autor de esta columna.

El pasado lunes 30 de marzo por la mañana tuve el privilegio de encontrarme en una reunión extensa y provechosa con la presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum. Fue la más larga de las tres reuniones que tuvimos, como si el diálogo fuera evolucionando y se extendiera a varios problemas sobre la inestabilidad jurídica que se observa en muchos países, no solo en Perú.

Hablamos de la invasión a la embajada en Quito. Antes que entrara yo, había estado desayunando allí Gianni Infantino. Lo supe por una broma que hizo la presidenta al momento de sacarnos una foto con mi nuevo libro sobre Perú. Había sobre el escritorio un portatarjetas de la FIFA, semejante a los que utilizan los árbitros de futbol, con tarjetas rojas y amarillas. Ella lo tomó, lo abrió y sonrió, diciendo que las podría empezar a usar. Yo también reí. Luego nos sacamos la foto con el libro, que tomamos los dos con las manos. Como el trabajo es extenso, me limité a dejarle una ficha de dos páginas, que contiene un resumen. También un cuadro comparativo elaborado por dos profesoras de la Universidad Católica de Perú, que resume muy bien las arbitrariedades procesales cometidas contra Castillo, en forma concisa y clara. Tal vez por eso la presidenta dijo, en una mañanera algunos días más tarde (fue semana santa en el medio), que “el argumento legal del abogado es contundente”. Porque pude exponerlo de forma gráfica y pormenorizada.

Este libro resume mi experiencia como abogado internacional de Pedro Castillo. Está dedicado a Alondra, la hija menor del presidente Castillo, exiliada en México como el resto de su familia. Hace tres largos años que Castillo no puede tomar contacto con sus hijos. A ella le prometí en un cuarto, en tiempos de AMLO, que ayudaría a su papá. He hecho todas las presentaciones formales que un abogado puede hacer. Pero las causas políticas no siempre se resuelven en los plazos formales que uno desearía (pienso en Evo Morales, exiliado en Argentina; en Jeanine Áñez, liberada en forma algo paradójica y “política” luego de una condena a diez años; en Bolsonaro, a quien el Congreso ahora le recorta la condena). Lula estuvo preso y tuvo que llevar su caso a la ONU, donde finalmente ganó. Lo mismo Baltasar Garzón, el magistrado español removido por prevaricato, que ganó en la ONU, la que ordenó a España su reincorporación. España todavía hoy incumple esa directiva. Esto muestra que tampoco “ganar” en la ONU garantiza mucho. Es una forma de presión. Pero países como Perú, que se alejan del sistema interamericano, no parecen permeables a ninguna “recomendación” de estos organismos.

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