"Entonces entendí aterrado por dónde iba la cosa" Juan Manuel Robles

OPINIÓN

Beingolea en acción


Alberto Beingolea: al final no se trataba de un inocuo comodín.

Cuando supe que Alberto Beingolea sería el nuevo ministro de Cultura me encogí de hombros y pensé: qué más da. Si algo ha caracterizado el periodo del pacto mafioso es el abandono del sector cultural. De hecho, la debacle empezó en el gobierno de Vizcarra, donde el caso de Richard Cisneros destapó la existencia de órdenes de servicio irregulares; y continuó en el gobierno de Castillo, donde el ministro de Cultura más notorio fue Alejandro Salas, un funcionario que más que cumplir su rol, era un vocero y escudero presidencial. Beingolea, recordado por Goles en Acción, el programa deportivo más emblemático de la época en que uno alucinaba con las jugadas de Maestri en Cristal, el Puma en la U y Waldir en Alianza, es una figura decorativa con un bien ganado lugar en la nostalgia, sin ninguna preparación ni experiencia en Cultura, y, por tanto, sin capacidad para hacer el bien; pero tampoco el mal. Otro pobre individuo que pasó de decir “Fujimori fue lo peor” a arrodillarse frente a la hija del criminal fugado.

Un comodín inocuo, pues, al que le dan el ministerio menos valorado —por ellos— y que acepta feliz como quien prueba algo nuevo en el otoño de su vida. Eso pensaba hasta que lo vi salir de su juramentación, y, con la modulada voz de siempre, declarar a la prensa:

—América Latina y el Perú, durante los últimos 25 años, han sido ideologizados y capturados en sectores tan claves como educación y cultura y tenemos que trabajar para revertir esta situación.

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