"Le tenían pánico a Keiko Fujimori y sus arranques" Carlos León Moya

OPINIÓN

La Fujimori que padecí


Diez años atrás estaba yo apolillándome en una de las alas de Palacio de Gobierno, la que había sido antes el despacho de Nadine Heredia, cuando me encargaron una tarea infausta: traducir en humano los más de cien decretos legislativos que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski acababa de emitir. Éramos varios los asesores de la Presidencia del Consejo de Ministros, pero era natural que a mí me tocase leer esos bodoques legales, entenderlos y convertirlos en textos cortos de lenguaje amigable que, por supuesto, nadie leyó.

Por eso es que recuerdo con tanto detalle aquella delegación de facultades. El gobierno de Kuczynski se la solicitó al Congreso fujimorista en septiembre del 2016; sí, fujimorista, porque ellos tenían la mayoría absoluta, y estaban manejados por una Keiko Fujimori llena de rabia, ira y piconería. Durante el voto de confianza del mes anterior nos envió un mensaje bastante claro: para conseguir algo de ella había que arrastrarse al piso y besarle los pies. Era eso, o nada.

Y así fue. Ese pedido de facultades debió llamarse en verdad “ruego por facultades”. Más que a una negociación racional –quito esto, pongo lo otro, este tema sí va, este otro no es prudente–, atendimos al ánimo arbitrario de “la señora”, “la jefa”, “la patrona”. Nunca el país estuvo tan a merced del berrinche de alguien.

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