Personal policial llegó una hora antes de la inauguración Ronald Gamarra
Persiguiendo libros
Un policía de la DIRCOTE en el stand de “Achawata” en la Feria del Libro.
La editorial Achawata cumple cinco años con un objeto social tan modesto como sospechoso para ciertos ojos: editar, distribuir y comercializar libros. Se trata de una pequeña editorial limeña, con oficina y taller en San Juan de Lurigancho, con una cajera que cobra en efectivo o Yape, con tirajes modestos pero esforzados, que ha logrado algo que muy pocos sellos consiguen en este país: una atención estatal ininterrumpida, multidisciplinaria y de asombrosa constancia.
Y es que hace años, en cada actividad de Achawata, nunca falta un coleguita de la DIRCOTE tomando nota discretamente. Ya casi es de la familia; ha ganado, a pulso, con sacrificadas horas extra, el derecho a un asiento fijo. Ha seguido sus publicaciones con más constancia que muchos suscriptores, ha leído sus libros con más atención que los reseñistas. En Achawata le dan la bienvenida y, si decide comprar un ejemplar, le dan factura, si su institución así lo requiere para el expediente. El amor persistente merece al menos un recibo.
Mientras Achawata cumple años imprimiendo, empastando y llevando libros a las ferias, la DIRCOTE lleva los mismos años observándola con un fervor que ya quisieran para sí muchos autores nacionales. Con el cariño infatigable de las pasiones obsesivas, la DIRCOTE ha dedicado a esta pequeña editorial recursos humanos, patrullaje virtual, actas de constatación, informes técnicos, análisis psicológicos, rastreo en bibliotecas digitales, seguimiento de su sitio en las redes sociales de internet y hasta compradores anónimos enviados a adquirir heroicamente un libro que, como cualquier ciudadano, podían simplemente pedir en el mostrador por 48 soles. Ningún enamorado manda tantas señales sin atreverse a declararse en algún momento.
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EDICIÓN 795 - AÑO 17
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