"Lo cómico (e incluso patético) del caso es que nuestro país virtualmente no tiene relaciones con Irán" Rodolfo Sánchez Aizcorbe
Cancillería degradada
Con poco tiempo en el cargo, el canciller Carlos Espá ha protagonizado ya dos papelones, arrastrando consigo a la Cancillería peruana. El denominador común en ambos casos es el deseo de congraciarse con el presidente norteamericano Donald Trump, el nuevo matón del barrio que aspira a convertir a Latinoamérica nuevamente en su patio trasero.
Hace algunas semanas, Espá decidió que el Perú debía romper relaciones con Irán. Lo cómico (e incluso patético) del caso es que nuestro país virtualmente no tiene relaciones con Irán. Pero eso no importaba. De lo que se trataba era de recibir la visita del secretario de Estado Marco Rubio con una muestra de sumisión a Washington.
Para justificar la “ruptura” de relaciones, la Cancillería de Espá argumentó, entre otras razones, las violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos por el gobierno de Irán. Que el gobierno iraní comete tales crímenes es cierto, pero no por ello deja de ser un mero pretexto, a tenor del doble estándar.
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EDICIÓN 799 - AÑO 17
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