"Nuestra política de comercio exterior e inversiones debe ser soberana y en función de nuestros propios intereses, y no simplemente aceptando la locura del momento de Trump" Pedro Francke
La tortuga en el árbol
Sólo hay una explicación: alguien la puso ahí.
Imagínese que usted ve una tortuga en un árbol, en medio de las ramas. Obviamente, le llamaría mucho la atención. Sólo hay una explicación: alguien la puso ahí por un motivo muy particular. Eso es lo que sucede con uno de los pedidos de Keiko Fujimori para que el Congreso le entregue poder de legislar: “Regular la prevención y erradicación del ingreso al territorio nacional de mercancías elaboradas total o parcialmente mediante trabajo forzoso, incluyendo la prohibición de su importación”. Este tema jamás se ha mencionado en nuestro país. Nunca se propuso en la campaña electoral. No ha estado en ninguna declaración de Fujimori. Ningún ministro lo ha presentado como algo relevante ni los cortesanos del régimen lo mencionan. Aun así, Keiko quiere sacar leyes al respecto sin ninguna discusión con la representación nacional. Es una tortuga en un árbol, bajo una redacción enrevesada que trata de disfrazarla de rama.
Hay algo particularmente antinacional que se esconde en la propuesta. La referencia a las “mercancías elaboradas mediante trabajo forzoso” ha sido el pretexto aducido por Trump para aplicar aranceles a una gran cantidad de países, incluyendo al Perú en violación del Tratado de Libre Comercio que tenemos firmado. Con este pretexto nos ha impuesto un arancel de 12,5% a la mitad de nuestras exportaciones a Estados Unidos. Eso es lo que deben pagar para entrar a su mercado nuestros arándanos, uvas, espárragos, prendas de vestir y otros 2,100 tipos de productos (líneas arancelarias). Frente a estas medidas, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y Argentina han manifestado su protesta, la Unión Europea rechazó la medida como injustificada y dañina para el comercio transatlántico, Australia protestó formalmente y China, India, Japón, Corea del Sur y Vietnam la han criticado fuertemente. Keiko recibió a Marco Rubio, no dijo una palabra en defensa de los intereses nacionales y encima se alinea con el tramposo subterfugio trumpista.
El pretexto de “trabajo forzoso” es tan malo que incluso veinticinco estados de los Estados Unidos han abierto juicios contra esta medida. Trump ha recurrido a esta justificación absurda porque los aranceles que impuso al inicio de su mandato en 2025 fueron declarados ilegales por una corte federal y ahora necesita algo de qué agarrarse para su fracasada guerra comercial. Es extremadamente sinvergüenza porque en este tema quien tiene “ropa sucia tendida” es precisamente EE.UU., que exporta productos usando como mano de obra a presos sin pago y bajo amenaza de castigos severos, definición misma de “trabajo forzoso”. Hacerle el coro a Trump no sólo es apoyar lo que constituye una violación de tratados y agresión contra nuestra economía: es entrar en el juego con el que pretenden abrir una política en contra de China en toda su órbita de influencia, algo peligroso para el Perú dado que ese país recibe el triple de productos y tiene muchas más inversiones acá que los Estados Unidos. Nuestra política de comercio exterior e inversiones debe ser soberana y en función de nuestros propios intereses, y no simplemente aceptando la locura del momento de Trump.
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EDICIÓN 799 - AÑO 17
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