OPINIÓN

"El sicario que atacó no andaba en moto. Simplemente esperaba de pie en la vereda" Juan Manuel Robles

Nuestras víctimas


Asesinato de un chofer del transporte público: uno de tantos.

El Perú en estos días es, tal vez, más sangriento que nunca y no queremos darnos cuenta. Es el sálvese quien pueda en su expresión más guerrera; es la vida convertida en una película de acción, en el peor sentido posible. Lo pienso cuando veo el caso de un chofer de combi que se encontró con su verdugo: el sicario que venía a cumplir la amenaza, de pie en la acera. Él y su cobrador lo sabían, porque ya está normalizado el curso de los hechos en estos casos, y era claro que en cualquier momento podía aparecer “su extorsionador”. El chofer decidió acelerar por su vida, con todo. El atacante disparó trece veces. En la combi quedaron diez agujeros. Las otras balas impactaron en el conductor y una pasajera, que sobrevivieron.

La velocidad, esta vez, salvó al chofer y a sus pasajeros, pero en el camino a toda máquina la combi atropelló a un joven y lo mandó al hospital.

Bienvenidos a un día cualquiera en Lima. Alguien pierde, alguien gana, así es la vida.

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