"La máquina de lodo operaba a toda marcha mientras él languidecía en el encierro" Daniel Espinosa
Veinte años de WikiLeaks
Portada de “Time” del 13 de diciembre de 2010. Fotografía de Kate Peters para “Time”. Foto-ilustración de DW Pine.
Cuando Julian Assange registró el sitio WikiLeaks.org un 4 de octubre de 2006, el proyecto que tenía en mente podría haberse resumido en una sola palabra: transparencia. Su creación pronto demostraría que el gobierno más poderoso del mundo podía ser desnudado a través de la tecnología financiada por su propio Departamento de Defensa: Internet. La información filtrada por WikiLeaks en los años subsiguientes sería tan reveladora como implacable la persecución que tendría que enfrentar su fundador, quien, luego de refugiarse durante siete años en un minúsculo consulado ecuatoriano en Londres, pasaría un lustro en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh, la versión británica de Guantánamo.
(Irónicamente, buena parte de la información que había hecho tristemente célebre a Guantánamo, la prisión estadounidense construida sobre suelo cubano, había sido filtrada por Assange en 2011. Los casi 800 expedientes militares del Pentágono ventilados por WikiLeaks revelaron que, como sucedería con el australiano en Belmarsh, gran parte de los presos torturados en Guantánamo habían sido recluidos sin pruebas sólidas).
El proyecto de Assange era simple: WikiLeaks usaría mecanismos de encriptación digital para recibir información sensible obtenida por delatores de conciencia (whistleblowers), archivos que serían publicados salvaguardando la identidad de la fuente. El avance de Internet y la aparición de medios digitales alternativos ofrecían varias ventajas: se podía llegar a cientos de millones de seres humanos en todo el planeta de golpe, el volumen de la información revelada podía ser miles de veces mayor al expuesto sobre papel impreso y la publicación no dependía del criterio de editores subordinados a intereses corporativos (la “gran prensa”).
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EDICIÓN 801 - AÑO 17
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