OPINIÓN

"Luís Eduardo Fernandes dice que el crimen organizado constituye la 'base material' de la extrema derecha en Brasil" Daniel Espinosa

Patio trasero de nadie


Meme de la prensa contestataria argentina: Milei, transformado en Kiko, lloriquea por la derrota.

Luiz Inácio “Lula” da Silva se impuso en las elecciones brasileñas y lo celebró con un mensaje que apela a la soberanía de Brasil y Latinoamérica: “Este país no acepta ser el patio trasero de nadie”. La victoria del líder del Partido de los Trabajadores (PT), celebrada en todo el planeta por quienes aún sostienen principios democráticos, le coloca un dique de contención a la ola ultraderechista impulsada por la Casa Blanca precisamente ahí donde más le duele: en la nación más populosa y la economía más grande de la región.

Al candidato perdedor, el senador Flávio Bolsonaro, solo le quedó recurrir al gastadísimo libreto del “fraude”. El ultraderechista y sus secuaces –que aparecieron de inmediato en la sucursal brasileña de la CNN– alegan que una extensión de dos horas en el horario de votación, medida exigida por ambas campañas presidenciales, no solo la de Lula, y que en la práctica significó que solo 35,000 votantes más pudieran acercarse a las urnas, sería motivo para invalidar las elecciones. ¡Absurdo!

La remontada de Lula fue apabullante: una intensa movilización en las calles y en unas redes sociales adversas, así como una performance superior a la de su contrincante en los debates previos al balotaje, disminuyeron el ausentismo (llevando a tres millones de brasileños que no habían votado en la primera vuelta a hacerlo en la segunda) y consiguieron que millones de los votantes que sí habían participado en la primera etapa modificaran su preferencia. Esto explica cómo el líder del PT terminó consiguiendo 10 millones de votos más que en primera vuelta (sumando 64.2 millones contra los 59.8 de Bolsonaro).

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