Reportaje

República embrujada

Elia Y. Diz
“No habrá más elecciones”, dice crepuscularmente Daniel Ortega. Días después, la copresidente Rosario Murillo, que tiene trato con ciertos espíritus, matiza: “Habrá elecciones, pero sin oposición”. Es lo que queda de Nicaragua. Son las sombras del sandinismo.

El 19 de julio Daniel Ortega y Rosario Murillo anunciaron que ya no habrá elecciones en Nicaragua. “Eso no es un matrimonio. Eso es un acuerdo entre rufianes”, dice a este semanario Juan Lorenzo Holmann, editor de La Prensa. (FOTO: captura de pantalla/Canal 4 de Nicaragua)

El pasado 19 de julio, cuando empezaba a oscurecer, en la Plaza de la Fe, el corazón de Managua, Augusto César Sandino en luces de neón cegaba a los miles de fanáticos que se dieron cita para celebrar el derrocamiento de Somoza. Los fuegos artificiales comenzaron a reventar minutos antes de las 7. La multitud rompió en vítores. Y entonces, Daniel Ortega y Rosario Murillo se abrieron paso por el escenario con el puño en alto.

Era la primera aparición pública del patriarca en 60 días. Se rumoreaba que llevaba dos meses sin salir de su alcázar. Tal desaparición empezaba a ser alarmante aun tratándose de él, quien desde hace años vive atrincherado en la calle El Carmen. Allí, aseguran los biógrafos hostiles, duerme en su oficina, come de pie y con las manos, costumbres que le quedaron de sus años en prisión.

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