REPORTAJE

Opus ley

Bruno Amoretti
Aldo Bravo es un hombre salido de los altares franquistas de Escrivá de Balaguer. Eso explica el rechazado proyecto que presentó para empapelar a los comunicadores que tocaran el tema de las crisis y los conflictos sociales. ¡Amén!

Aldo Bravo posa junto a Rafael López Aliaga, a quien definió como una persona de “descomunal inteligencia, exigente consigo mismo, alegre, con una sonrisa que convoca”.

El diputado de Renovación Popular Aldo Bravo Quispe (47) se estrenó en el Congreso marcando estilo. “Su primera vez” fue con una propuesta de ley para sancionar penalmente la “apología al delito” durante crisis políticas y conflictos sociales. Bravo aspira a imponer sin disimulo la censura a la cobertura mediática de las protestas. El escándalo mediático lo obligó a rectificar. El delfín político y espiritual de Rafael López Aliaga cree que han vuelto los tiempos de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Aldo Bravo creció junto a sus cinco hermanos en La Victoria. Su padre era aprista, militancia que marcó sus inicios políticos. Quienes lo conocieron en la Casa del Pueblo aseguran que, hasta el 2016, votó por el candidato del Apra en las elecciones presidenciales. Si en política Bravo entonaba la marsellesa del Apra, a la hora de las plegarias cambió a Raúl Haya de la Torre por Escrivá de Balaguer. Para ese trueque fue decisivo toparse con Rafael López Aliaga cuando era estudiante universitario.

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